La temporada de huracanes de 2026 está dejando una de las imágenes más dicotómicas que se recuerdan. Mientras el Pacífico oriental acumula récords históricos tras récords históricos, el Atlántico vive su temporada más silenciosa desde que existen los satélites. Es un contraste que ha desconcertado a meteorólogos y aficionados por igual, y que tiene una explicación clara: El Niño.
Un Pacífico histórico
El Pacífico oriental vive una temporada que ya ha superado el promedio anual de tormentas con nombre. A finales de septiembre, la cuenca acumulaba cuatro tormentas tropicales más de lo normal para esa fecha, según la NOAA. Y lo más impresionante: tres huracanes del Pacífico alcanzaron la categoría 5, igualando el récord de 2002, otro año marcado por El Niño.
El huracán Polo fue uno de esos monstruos. Osciló entre las categorías 4 y 5 frente a las costas mexicanas, con vientos de hasta 260 km/h. Polo tocó tierra dos veces en México, primero en Baja California Sur y luego en Sonora. El saldo fue de daños materiales significativos, pero sin víctimas mortales reportadas directamente por el ciclón en su impacto inicial.
Rachel se convirtió en el octavo huracán mayor de la temporada, un hito que solo otras cuatro temporadas habían alcanzado para el 1ro de octubre: 1992, 2014, 2015 y 2018. Rachel alcanzó la categoría 3 con vientos de 195 km/h y rachas de hasta 240 km/h, generando oleaje de hasta 6 metros y lluvias intensas en Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit y Jalisco.
Odalys también dejó su marca al alcanzar la categoría 4 frente a las costas de Baja California Sur, aunque sin representar peligro directo para el territorio nacional. La lista de sistemas notables continúa: Lowell afectó Hawái, y las tormentas tropicales Amanda, Boris, Cristina, Douglas, Elida, entre otras, completaron un calendario inusualmente cargado. Actualmente se formó la tormenta tropical Simón al sur del país, con proyecciones de alcanzar la categoría 2 cerca de Puerto Vallarta para el fin de semana. Esto demuestra que la cuenca sigue activa, adicionando la letra S en los organismos nombrados hasta el momento.
¿Por qué el Pacífico está tan activo?
La respuesta tiene nombre y apellido: El Niño. El fenómeno de El Niño, que se declaró oficialmente en junio de 2026, ha sido el principal motor de esta temporada hiperactiva en el Pacífico oriental.
El Niño altera los patrones habituales de viento y temperatura sobre el océano. Los vientos de baja altitud que normalmente cruzan el Pacífico de este a oeste se debilitan o invierten, creando condiciones más favorables para el desarrollo de ciclones tropicales. Brian McNoldy, experto en huracanes de la Universidad de Miami, advirtió que el actual episodio “se está convirtiendo quizás en el fenómeno de El Niño más fuerte jamás registrado”.
A esto se suma otro factor: las aguas del Pacífico oriental están excepcionalmente cálidas. Zonas del Pacífico han registrado temperaturas hasta 5 °C por encima de lo normal, proporcionando combustible abundante para los sistemas. La combinación de El Niño y aguas cálidas ha creado el caldo de cultivo perfecto para una temporada explosiva.
El Atlántico: Una calma histórica
El contraste con el Atlántico es abismal. Hasta el 28 de septiembre, no se había formado ningún huracán en la cuenca atlántica en 2026. Se habían registrado ocho tormentas tropicales —Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo y Hanna—, pero ninguna había alcanzado la intensidad de huracán.
Esta fue la espera más larga por el primer huracán del Atlántico desde que los satélites comenzaron a monitorear la cuenca en 1966. El pico climatológico de la temporada en septiembre pasó sin que se formara un solo huracán, algo que no ocurría desde 1994.
La causa es la misma que alimenta al Pacífico: El Niño más que intenso. El fenómeno aumenta la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico, especialmente en la región principal de desarrollo que se extiende desde África hasta el Caribe. Según Phil Klotzbach, experto en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado, la cizalladura alcanzó valores elevados en esa región durante el verano.
La tormenta tropical Dolly, el único sistema que se formó en la región principal de desarrollo, fue desintegrada apenas 24 horas después de su formación. Es la imagen perfecta de lo que El Niño le hace al Atlántico.
Sin embargo, hay una excepción importante. A principios de octubre, se formó la tormenta tropical Isaías en el suroeste del golfo de México. El sistema se fortaleció rápidamente y se convirtió en el primer huracán de la temporada atlántica, llegando a alcanzar la categoría 2, antes de tocar tierra entre Luisiana y Florida, con vientos máximos sostenidos de hasta 195 km/h. Las aguas cálidas del golfo, con temperaturas superiores a los 27 °C, le dieron a Isaías el combustible que necesitaba para intensificarse mientras avanzaba hacia la costa estadounidense.
El golfo de México fue, de hecho, la única zona atlántica donde la cizalladura no se mantuvo elevada, lo que permitió que Isaías pudiera organizarse e intensificarse.
El balance hasta hoy
México mantiene su pronóstico inicial de entre 18 y 21 ciclones con nombre en el Pacífico para toda la temporada, que concluye el 30 de noviembre. Hasta ahora, se han formado 17 sistemas, por lo que aún quedan entre 1 y 4 por formarse. Quedan hasta seis letras del abecedario, siendo los nombres disponibles para los próximos sistemas Trudy, Vance, Winnie, Xavier, Yolanda y Zeke.
En el Atlántico, el pronóstico inicial de entre 11 y 15 sistemas totales se mantiene, aunque la actividad ha estado muy por debajo de lo esperado. La llegada de Isaías y la posibilidad de que se convierta en huracán añaden un elemento de distinto a una temporada que, hasta hace unas semanas, parecía destinada a ser la más tranquila de la historia moderna.
Lo que viene
Octubre y noviembre son meses de transición. La temporada de huracanes concluye oficialmente el 30 de noviembre, y aunque la actividad suele disminuir después de octubre, no es raro que se formen sistemas tardíos.
El mensaje para la población mexicana, especialmente en Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Jalisco, Colima, Michoacán y Guerrero, sigue siendo el mismo: la temporada no ha terminado. Los estados del noroeste, que han sido los más golpeados este año, deben mantener sus planes de contingencia actualizados. Y aunque el Atlántico haya estado tranquilo, Isaías es un recordatorio de que el Golfo de México puede ser escenario de sorpresas tardías.
La temporada ciclónica de 2026 pasará a los libros como el año en que el Pacífico rugió y el Atlántico susurró. La pregunta es si, con el cambio climático en marcha, esta dicotomía se convertirá en la nueva normalidad o si fue simplemente un capricho de El Niño.
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